Día Mundial de la Alimentación: la innovación que alimenta nace en los territorios y en los comedores, no en los laboratorios
Mensa Cívica reclama que el derecho a la alimentación se reconozca por ley y llama a firmar la Iniciativa Ciudadana Europea «¡La alimentación es un derecho humano para todas y todos! Garantizar sistemas alimentarios sanos, justos y sostenibles»
El Día Mundial de la Alimentación 2026 se celebra bajo el lema «Innovar hoy. Alimentar mañana». Mensa Cívica, entidad sin ánimo de lucro que trabaja desde 2015 por una restauración colectiva y social saludable, resiliente y justa, quiere poner el foco en quienes ya están innovando cada día: agricultoras y agricultores, ganaderos y ganaderas, cocineras y cocineros de comedores escolares y hospitalarios, familias y administraciones locales que apuestan por otra forma de comer en lo público.
Para la entidad, no hay innovación que merezca ese nombre si no garantiza que todas las personas puedan comer bien. Por eso pide reconocer la alimentación como un derecho humano exigible, también en España y en la Unión Europea.
La innovación que ya alimenta está en los comedores y en el campo
Cuando se habla de innovación alimentaria, a menudo se piensa en tecnologías desarrolladas lejos de quien produce y de quien come. Mensa Cívica defiende otra mirada: muchas de las soluciones más eficaces ya existen y se aplican cada día en el campo, cocinas y pliegos de contratación.
En sus más de diez años de trabajo, la entidad ha acompañado ejemplos concretos de esa innovación social:
Comedores escolares con cocina in situ, que garantizan comida fresca y de temporada y sostienen empleo local, especialmente en el medio rural, frente a la línea fría.
Compra pública alimentaria con criterios sociales y ambientales, que abre la puerta a circuitos cortos, alimentos ecológicos y precios justos para el sector productor.
Más legumbres, cereales integrales y frutos secos en los menús, proteínas vegetales asequibles y poco procesadas, junto a variedades locales que presenvan la diversidad territorial.
Cocinas comunitarias y proyectos con personas productoras de proximidad, que conectan a centros educativos, hospitales y barrios con quienes cultivan cerca.
«La pregunta no es si necesitamos innovar, sino qué innovación decidimos apoyar con dinero público», señala Paola Hernández, coordinadora de proyectos en Mensa Cívica. «Cada día, en miles de comedores colectivos, se decide qué se come, de dónde viene y quién lo produce. Ahí hay una palanca enorme para transformar el sistema alimentario y garantizar que nadie se quede atrás».
Una crisis alimentaria que también está aquí
Según la última edición de El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo (FAO y otras agencias de Naciones Unidas), 645 millones de personas pasaron hambre en 2025, es decir, casi una de cada tres personas en el mundo sufrió inseguridad alimentaria moderada o grave.
El problema no es lejano. En España, más de 1 de cada 9 hogares sufre algún grado de inseguridad alimentaria, según datos de Acción contra el Hambre. Son familias que no eligen qué comer, sino qué pueden permitirse, y para muchas de ellas el comedor escolar es la comida más completa del día.
A la vez, la diversidad de lo que comemos se estrecha. La FAO estima que, de unas 6.000 especies vegetales cultivadas para alimentación, solo nueve concentran el 66 % de la producción agrícola. Proteger esa diversidad, y a quienes la cultivan, es una cuestión de seguridad alimentaria y de resiliencia frente a la crisis climática.
Reconocer el derecho a la alimentación: el paso que falta
El derecho a una alimentación adecuada figura en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Sin embargo, ni España ni la Unión Europea cuentan con un marco legal que lo haga exigible. Mientras no lo sea, comer bien seguirá dependiendo de la renta y del código postal.
Reconocerlo por ley tendría efectos concretos: obligaría a las administraciones a garantizar el acceso a alimentos saludables, sostenibles y culturalmente adecuados; daría a la ciudadanía herramientas para reclamarlo; y orientaría las políticas públicas, incluida la compra pública, hacia sistemas alimentarios justos para quien come y para quien produce.
«El derecho a la alimentación no es un gesto simbólico: es lo que convierte la ayuda en garantía», afirma Paola Hernández. «Hoy discutimos si la tortilla lleva cebolla o cómo se hace una buena carbonara, mientras muchas familias no pueden elegir qué cenar. Reconocer este derecho es asegurar que esas conversaciones estén al alcance de todo el mundo».
Por eso Mensa Cívica se suma a la Iniciativa Ciudadana Europea «¡La alimentación es un derecho humano para todas y todos! Garantizar sistemas alimentarios sanos, justos y sostenibles», que pide a la Unión Europea garantizar el derecho a la alimentación mediante un marco legal integral y promover sistemas alimentarios saludables, justos y sostenibles. La iniciativa necesita un millón de firmas en la UE para que la Comisión Europea esté obligada a responder. Se puede firmar antes del 7 de enero de 2027.
Para acompañar este día, la entidad lanza una serie de piezas que parten de los debates cotidianos sobre nuestros platos más queridos para recordar que, para muchas personas, el verdadero debate es poder comer:
Qué pide Mensa Cívica a las administraciones
Con motivo del Día Mundial de la Alimentación, Mensa Cívica pide a las administraciones locales, autonómicas, estatales y europeas:
Reconocer por ley el derecho a la alimentación, en España y en la UE, con obligaciones claras para los poderes públicos.
Usar la compra pública alimentaria como palanca de transformación, con criterios de de producción ecológica, temporada y de proximidad y precios justos para el sector productivo.
Garantizar comedores escolares accesibles y de calidad, con cocina in situ y ayudas suficientes para que ningún niño o niña se quede fuera por motivos económicos.
Invertir en infraestructuras públicas para circuitos cortos, como obradores, centros de acopio y cocinas compartidas, que permitan a pequeños productores llegar a los comedores colectivos.
Apoyar la agroecología y la biodiversidad agrícola, reconociendo el conocimiento de quienes cultivan, crían y cocinan como un recurso esencial para el futuro.
La innovación no puede concentrarse en manos de unos pocos actores. Debe nacer de los territorios, responder a las necesidades de las personas y estar orientada al bien común. Garantizar el derecho a la alimentación es la mejor forma de alimentar el mañana y eso no puede hacerse en un laboratorio.




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