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Una hoja de ruta que mira al pasado: nuestra posición sobre la Estrategia Ganadera y el Plan de Proteínas de la UE

  • phernandezolivan
  • hace 1 hora
  • 5 min de lectura

El pasado martes 7 de julio, la Comisión Europea presentó dos documentos que debían leerse como las dos caras de una misma transformación: la Estrategia Ganadera de la UE y el Plan de Acción sobre Proteínas que la acompaña. Desde Mensa Cívica hemos seguido de cerca esta publicación, y lo que encontramos es una oportunidad perdida: dos textos que, en lugar de reforzarse mutuamente hacia un sistema alimentario más equilibrado, envían señales contradictorias sobre el futuro de la proteína en Europa.


Dos planes, dos direcciones

El Plan de Acción sobre Proteínas sí reconoce, al menos sobre el papel, la necesidad de avanzar hacia dietas con mayor peso de las proteínas vegetales y de impulsar los cultivos proteicos europeos. Sin embargo, su objetivo concreto de elevar del 25,8% al 35% para 2035 la proteína de producción europea destinada a piensos revela dónde está puesta realmente la prioridad: en asegurar el suministro de alimento para el ganado, no en transformar la dieta de las personas ni en reducir la dependencia estructural de un modelo ganadero intensivo. Y es que es importante distinguir que la autonomía en la producción de pienso no es lo mismo que soberanía alimentaria: producir más proteína en Europa sin cuestionar un modelo que depende de grandes volúmenes de alimento animal no resuelve el problema de fondo, simplemente lo traslada.


La Estrategia Ganadera, por su parte, opta por consolidar el modelo intensivo existente, ya que apuesta por soluciones técnicas y de monitorización antes que por una reducción real de la cabaña ganadera o una transición hacia sistemas extensivos y de mayor bienestar animal. Especialmente preocupante nos parece la insistencia en el relato de un supuesto "carácter especial" del metano biogénico, una narrativa impulsada por la industria que resta urgencia a uno de los gases con mayor potencial de calentamiento a corto plazo y que además contribuye a la contaminación por ozono troposférico, con impacto directo en la salud pública.


En definitiva: mientras el Plan de Proteínas apunta, aunque tímidamente, hacia el equilibrio, la Estrategia Ganadera tira en sentido contrario. Y sin un marco coherente entre ambos, ninguno de los dos podrá cumplir con los objetivos climáticos, de salud pública, de bienestar animal ni de desarrollo rural que Europa dice perseguir.

Para qué queremos más proteína vegetal

A nuestro juicio, el verdadero potencial de las proteínas vegetales no está en producirlas para alimentar al ganado, sino en llevarlas directamente al plato de las personas. Convertir un cultivo proteico en pienso y ese pienso en carne o leche implica una pérdida de conversión energética que supera el 75%: por cada unidad de proteína vegetal que pasa por un animal antes de llegar a la mesa, se desperdicia la mayor parte de su valor nutricional y del suelo, el agua y las emisiones invertidas en producirla. Consumir esa misma proteína de forma directa es, sencillamente, mucho más eficiente en el uso de la tierra y mucho más coherente con los objetivos climáticos que Europa dice perseguir.


Y sin embargo, el Plan de Proteínas se refiere únicamente a la proteína destinada a piensos, sin ningún objetivo vinculante o siquiera orientativo para el consumo humano directo. Esto ocurre en un contexto en el que casi dos tercios de la proteína que consumimos las personas en la UE proceden ya de fuentes animales, muy por encima de lo que recomiendan las guías de alimentación saludable, mientras que legumbres como las lentejas, los garbanzos o las alubias apenas representan un 2% de la ingesta proteica europea. El propio plan reconoce el papel de las legumbres en una dieta variada y sostenible, y menciona la compra pública como palanca para impulsar su consumo, pero no llega a comprometer ni financiación específica ni un objetivo de equilibrio entre proteína animal y vegetal en la alimentación de las personas. Es, como han señalado otras organizaciones del sector, una oportunidad perdida: sin medidas concretas que estimulen la demanda de alimentos vegetales, resulta difícil que este objetivo se traduzca en algo más que buenas intenciones.


Desde Mensa Cívica coincidimos en que este es exactamente el vacío que hay que llenar: no basta con producir más proteína vegetal en Europa si esa proteína termina, de nuevo, en el comedero de un animal. Necesitamos que llegue directamente a las cocinas, a los comedores públicos (centros educativos y socio-sanitarios) y a las mesas de las personas consumidoras.


Nuestra posición: la transición proteica no puede esperar

Desde Mensa Cívica suscribimos el documento de posición "Estrategias ante la Transición Proteica y el Impulso de la Dieta Mediterránea", promovido por la Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU) y en alianza con otras entidades sociales, científicas, ambientales y del sector agroalimentario, precisamente porque plantea lo que estos planes europeos evitan: la necesidad de una hoja de ruta nacional que traduzca la transición proteica en medidas concretas para las personas consumidoras, no solo en objetivos de producción.


Esta es también la lógica que Mensa Cívica lleva años defendiendo desde la restauración colectiva: un patrón alimentario donde las legumbres, los cereales integrales, las hortalizas y los frutos secos son la base de la ingesta proteica, y donde la carne ocupa un lugar puntual, no estructural. No se trata de sustituir un producto animal por un análogo ultraprocesado, sino de recuperar y dar valor a las proteínas vegetales de siempre, ancladas en el territorio y en la cultura gastronómica de cada región.


De la teoría a la práctica: nuestro trabajo con las legumbres

No hablamos desde la teoría. Desde 2016, Mensa Cívica trabaja codo con codo con productores, cocinas colectivas y administraciones públicas para hacer de esta transición proteica una realidad tangible en comedores escolares, residencias y otros espacios de restauración social:


  • Campaña de legumbres de calidad del país: nuestro trabajo en los últimos diez años ha sido de divulgación y sensibilización para poner en valor las variedades locales de legumbre, tanto por su papel nutricional como por su potencial como cultivo de proximidad, bajo en emisiones y beneficioso para la rotación de suelos.

  • Legumcal: nuestra colaboración en el impulso de la calidad diferenciada de la legumbre española, trabajando la trazabilidad y el reconocimiento de variedades autóctonas frente a la homogeneización del mercado internacional.

  • Prolegara: nuestro trabajo actual en este grupo operativo para impulsar la producción y consumo de legumbres singulares de Aragón.

  • Nuestra incidencia en compra pública alimentaria, apoyando a comedores escolares y AMPAs en la incorporación de criterios de proximidad y de mayor peso de la proteína vegetal en los pliegos de contratación, dentro del marco normativo.


Este trabajo nos ha enseñado que la transición proteica se construye recuperando variedades locales, dando salida comercial justa a quienes las cultivan, y llevando ese producto, con toda su carga cultural y nutricional, hasta el plato de un colegio, una residencia o un comedor social.


Lo que pedimos

Frente a una Estrategia Ganadera que mira al pasado y un Plan de Proteínas que se queda a medio camino, desde Mensa Cívica reclamamos:


  1. Coherencia real entre ambos instrumentos, con objetivos vinculantes de reducción de la ganadería intensiva y no solo de gestión de sus excedentes.

  2. Una hoja de ruta nacional de transición proteica, con financiación específica que priorice el consumo humano directo de proteína vegetal por encima del uso como pienso.

  3. Un objetivo europeo de proteína vegetal para consumo humano, equivalente y tan vinculante como el ya fijado para el pienso, acompañado de medidas reales de demanda: fiscalidad favorable, promoción y compra pública, no solo recomendaciones voluntarias a los Estados miembros.

  4. Reconocimiento y apoyo económico a las variedades locales de legumbre y proteína vegetal, como palanca de desarrollo rural, soberanía alimentaria y salud pública.

  5. Criterios de proximidad y de equilibrio proteico en la contratación pública alimentaria, especialmente en comedores escolares y centros de restauración social, donde se educa el paladar y los hábitos de las próximas generaciones.


La transición proteica no es una moda ni una imposición ideológica: es una respuesta a una crisis climática, sanitaria y de modelo productivo que ya está aquí. Europa tiene la oportunidad de liderarla. Desde Mensa Cívica, seguiremos trabajando — legumbre a legumbre, comedor a comedor — para que esa transición llegue igualmente, con o sin la Comisión Europea.

 
 
 

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