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Reflexiones y aprendizajes del "I Encuentro hacia la Transición Proteica" en el Congreso de los Diputados

  • phernandezolivan
  • 23 dic 2025
  • 5 Min. de lectura

El pasado 1 de diciembre de 2025, el Congreso de los Diputados acogió el I Encuentro hacia la Transición Proteica, organizado por la Federación de Consumidores y Usuarios CECU y Mensa Cívica. Un encuentro histórico donde confluyeron todos los actores del sistema alimentario para abordar uno de los retos más urgentes de nuestro tiempo: cómo transformar lo que comemos para cuidar nuestra salud y nuestro planeta.


Desde Mensa Cívica, asistimos con especial interés a este evento donde las colectividades se posicionan como agentes clave en esta transformación. Compartimos aquí las principales conclusiones de las mesas de trabajo, que dibujan un panorama complejo pero esperanzador.


El modelo danés: cuando el diálogo construye cambio real

La presentación del Plan Danés de Transición Proteica nos recordó que ninguna transformación sistémica es posible sin:

  • El diálogo como motor del cambio. No desde el conflicto o la imposición, sino desde el encuentro entre productores, distribuidores, consumidores y administración. Una conversación continua que construye colaboración y compromiso a largo plazo.

  • Generar demanda a través de la educación. El cambio dietético sostenible no se decreta, se cultiva. Necesitamos ciudadanía informada que entienda por qué sus elecciones alimentarias importan, tanto para su salud como para el futuro del planeta.


Este modelo nos interpela directamente en Mensa Cívica: las cocinas colectivas son espacios privilegiados para esa educación alimentaria práctica y cotidiana.


Mesa sectorial: radiografía de la proteína vegetal española

La mesa sectorial, en la que participo COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos), ANGED (Asociación Nacional de Grandes Empresas de Distribución), el think tank Alimentta y la Academia Española de Nutrición y Dietética, abordó la transición proteica no como una moda dietética aislada, sino como parte integral de la necesaria transición ecológica de nuestro sistema alimentario.


Las legumbres españolas representan mucho más que un ingrediente. Son patrimonio cultural, herramienta de soberanía alimentaria y palanca de sostenibilidad. Sin embargo, enfrentan desafíos significativos en competitividad frente a legumbres del exterior.


Las Indicaciones Geográficas Protegidas (IGP) y Denominaciones de Origen Protegidas (DOP) se presentan como una oportunidad para diferenciar y valorizar nuestras legumbres, pero necesitan mayor promoción. Y aquí la comunicación debe ser doble: no solo hablar de sus beneficios nutricionales, sino también de su impacto ambiental positivo.


El debate sobre el modelo agrario fue especialmente revelador. Se subrayó la necesidad de:

  • Recuperar variedades tradicionales de legumbres que se han ido perdiendo, apostando por una agricultura y ganadería desacoplada que permita sistemas más sostenibles y resilientes.

  • Considerar todos los costes asociados a la falta de producción de proteína vegetal en nuestros campos: dependencia exterior, pérdida de fertilidad del suelo (las leguminosas fijan nitrógeno de forma natural, sustituyendo fertilizantes sintéticos), abandono rural y vulnerabilidad alimentaria.

  • Implementar medidas fiscales que incentiven a los productores activos, reconociendo el papel multifuncional de la agricultura: no solo producimos alimentos, también cuidamos territorio, biodiversidad y cohesión social.


La vulnerabilidad de un sistema dependiente y exportador genera polarización en el sector. La propuesta pasa por resignificar la dieta mediterránea, recuperando su esencia basada en cereales integrales, legumbres y vegetales. Los datos no dejan lugar a la complacencia: apenas el 9,3% de la población española consume cinco o más raciones de frutas y verduras al día, y solo 1 de cada 4 españoles toma legumbres tres o más veces por semana. Más grave aún, únicamente el 1,5% incorpora tres o más raciones de verduras diarias en sus comidas. Estas cifras evidencian la magnitud del reto educativo y de acceso que enfrentamos.


Aquí la compra pública emerge como herramienta estratégica: hospitales, colegios, residencias y otros centros públicos pueden ser tractores de mercado que den estabilidad a las producciones locales de legumbres.


La mesa reconoció la existencia de muchos tipos de consumidores con diferentes motivaciones, capacidades adquisitivas y accesos. Se constató un crecimiento en la venta de productos ecológicos y a granel, así como el potencial de las aplicaciones de compra con etiquetado digital para facilitar decisiones informadas.


Sin embargo, el debate sobre la cesta básica de alimentos resultó especialmente relevante: es fundamental que la población vulnerable pueda acceder a estos productos. La transición proteica no puede ser un lujo para quienes pueden permitírselo, sino un derecho garantizado para toda la ciudadanía.


Un mensaje recurrente fue la necesidad de trabajar en alianza con otros sectores: salud, educación, medio ambiente, desarrollo rural. La transición proteica no es solo un asunto agrario o nutricional, es un proyecto transversal que requiere coordinación entre múltiples actores y políticas públicas, con el fin de que se dé coherencia a todas las actuaciones y generen un marco estable para la transformación.


Mesa política: inversión y marco normativo

Por otra parte, la mesa política, en la que participaron Iván Cacho Isla, Diputado del PSOE y Portavoz de la Comisión de Agricultura, Pesca y Alimentación, y Juan Antonio Valero Morales, Diputado de SUMAR y Portavoz de la Comisión de Agricultura, Pesca y Alimentación, concretó concretar cifras y compromisos que marcan el camino.


Actualmente, existen 51,25 millones de euros para ayudas a la proteína vegetal, procedentes de ayudas asociadas a cultivos proteicos (legumbres y leguminosas) en el periodo 2023-2027, lo que representa un incremento del 18% respecto al periodo anterior. Esta cifra se complementa con los ecorregímenes de la Política Agraria Común (PAC) y los fondos FEADER, configurando un paquete de apoyo que requiere continuidad en la próxima PAC para consolidar resultados.


Apoyar al campesinado emerge como estrategia fundamental. La declaración internacional sobre derechos campesinos, junto con facilitar el relevo generacional y fortalecer los ecorregímenes, se presentan como líneas de acción imprescindibles.


Dos conceptos emergieron con fuerza:

  • El cumplimiento de la Ley Alimentaria debe garantizar que la producción de legumbres y proteína vegetal sea rentable frente a otros cultivos. Sin viabilidad económica para quien produce, no hay transición posible.

  • La seguridad social alimentaria: reconocer el acceso a una alimentación saludable y sostenible como derecho fundamental, no como privilegio de quien puede permitírselo.


Asimismo, como punto especialmente relevante para nosotros: la defensa de las cocinas in-situ. Frente a modelos industrializados de catering centralizado, las cocinas propias en centros educativos, residencias y hospitales permiten generación de empleo de calidad en el territorio; mayor control sobre la calidad nutricional; conexión directa con productores locales y educación alimentaria experiencial. Estas cocinas son laboratorios de transformación alimentaria donde se puede implementar la transición proteica de forma real y medida.


El papel de las colectividades en la transición

Durante todo el acto, y como venimos defendiendo desde Mensa Cívica, las colectividades — comedores escolares, universitarios, hospitalarios, residencias — se nombraron como palancas de cambio alimentario por varias razones:

  1. Escala: millones de comidas diarias que pueden mover mercados.

  2. Educación: espacios donde se aprende comiendo.

  3. Equidad: garantizan acceso a alimentación saludable independientemente del nivel socioeconómico.

  4. Innovación: permiten testear y normalizar nuevas propuestas dietéticas.


La transición proteica en colectividades no es una moda dietética, es una responsabilidad de salud pública y sostenibilidad que debe implementarse con rigor técnico, formación continua y recursos suficientes.


Un compromiso compartido

Este I Encuentro hacia la Transición Proteica dejó claro que no hay soluciones mágicas ni actores únicos. Necesitamos:

  • Políticas públicas valientes que apuesten por la proteína vegetal con inversión sostenida.

  • Productores agrarios que encuentren rentabilidad en cultivos sostenibles.

  • Distribuidores y restauración que faciliten el acceso a legumbres de calidad.

  • Profesionales de la alimentación colectiva formados en esta transición.

  • Ciudadanía informada y consciente de su poder de transformación.


Desde Mensa Cívica seguiremos trabajando para que cada bandeja sea una oportunidad de cambio, para que cada menú cuente una historia de salud, sostenibilidad y territorio.


¿Quieres ver la sesión completa?

Puedes acceder al vídeo del I Encuentro hacia la Transición Proteica en el Canal del Congreso de los Diputados.


La transición proteica se cocina cada día, en cada plato, con cada decisión.

 
 
 

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